El Dr. Raúl Cruz Molina, fundador de la Unidad de Cirugía Cardiovascular de Guatemala, falleció el domingo 29 de agosto a los 90 años. Pionero de la cirugía cardíaca guatemalteca cuyo logro más importante fue haber liderado el desarrollo institucional del tratamiento quirúrgico de las enfermedades cardíacas en la Unidad, inicialmente ubicada dentro del Hospital Roosevelt y su convencimiento que su creación haría mucho bien. Nació en 1931 en Ciudad de Guatemala. Sus estudios de bachillerato los cursó en el Instituto Normal Central para Varones, donde fue reconocido como Alumno Distinguido, habiendo quedado grabado su nombre en la placa de oro de la promoción 1948. En 1956 se licenció en medicina en la Universidad de San Carlos de Guatemala. Pronto le sedujo la cirugía. Se formó como cirujano general en el Hospital Roosevelt. Posteriormente ingresó al programa de cirugía vascular en el hospital Baylor University Medical Center en Dallas, Texas, EE. UU. Acreditado como cirujano vascular, volvió a Guatemala y, asumió la Jefatura del Departamento de Cirugía del Centro Médico Militar durante 8 años, luego de lo cual se sintió atraído por una nueva especialidad, la cirugía cardiovascular. En 1974, solo 20 años después que John Gibbon Jr. realizara la primera intervención exitosa a corazón abierto, asistida con circulación extracorpórea, en una joven de 18 años con defecto interauricular amplio, el Dr. Cruz Molina asumió el nuevo reto de emprender y, desde ese momento comenzó a abrir brecha en el campo de la cirugía cardiovascular de Guatemala. Viajó de nuevo a EE. UU. para integrarse al Charlotte Memorial Hospital (Atrium Health’s Carolinas Medical Center) en Charlotte, Carolina del Norte. La oportunidad y el apoyo de esta nueva experiencia se la brindó el Dr. Francis Robicsek, considerado por sus pares, un cirujano cardiaco humanitario, erudito e innovador, uno de los grandes facultativos con los que la cirugía cardíaca se desarrolló y forjó como una de las más atractivas especialidades de la Medicina. Entre Francis Robicsek y Raúl Cruz se crearon lazos entrañables de afecto y admiración mutua por su dedicación y capacidad de trabajo. Fruto de esta temprana asociación, en septiembre de 1975, ante la falta de equipo diagnóstico en Guatemala, 43 pacientes guatemaltecos viajaron al Charlotte Memorial Hospital para ser sometidos a cateterismo cardíaco diagnóstico como paso inicial a su posterior cirugía cardíaca. Operaciones que se llevaron a cabo en la Unidad en formación en el Hospital Roosevelt a partir del mes de octubre del mismo año. Los cateterismos fueron realizados en sólo 48 horas, por los doctores Ismael Guzmán Rodríguez, coordinador de la misión, Federico Guillermo Alfaro Arellano, Norris B. Harbold Jr. cardiólogo hemodinamista del Charlotte Memorial Hospital y, otros cardiólogos norteamericanos de esa misma institución. |
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Tomando en cuenta que el recorrido inicial para la creación de la Unidad de Cirugía Cardiovascular había empezado a darse, el Dr. Cruz continúo viviendo con esa meta como la responsabilidad de su vida, corriendo de un lado a otro, hasta que, en una tranquila noche del 25 de septiembre de 1975, con el corazón inquieto, vio suscribirse el documento que legalmente constituía la Unidad de Cirugía Cardiovascular. A partir de ese momento empezó a visualizar un pronto amanecer para el crecimiento y el desarrollo de la cirugía cardíaca en Guatemala. El camino tortuoso y estrecho empezaba a quedar atrás. Esa misma sensación volvió a tener, el 24 de febrero de 1976 cuando se autorizó la creación y el funcionamiento de la Unidad de Cirugía Cardiovascular de Guatemala por medio del Acuerdo Gubernativo SP-G-12-76. Unidad en donde actualmente se practican alrededor de 850 intervenciones anuales. El nombre, Raúl Cruz Molina, permanecerá siempre asociado a la creación de la Unidad, institución que como la brújula vino ayudar a encontrar en los mares de la medicina guatemalteca, la ruta definitiva de la cirugía cardiovascular y a hacer realidad sus palabras: “contribuir con el desarrollo de la cirugía cardíaca, dejando un legado para futuras generaciones”. Para todos sus colaboradores, entre los que me incluyó, fue un privilegio haber trabajado a su lado. Sirva este recuerdo de su trayectoria profesional y humana como reconocimiento a un sueño de toda una vida hecho realidad por el coraje con el que lo persiguió. Misión cumplida.
Descanse en paz. |
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